William Shakespeare
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Yo soy la amadaHace 15 años
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Disfrutan de sus Sonetos
PlanetaChileno
viernes
Soneto XCVII
¡Qué invierno fue no estar junto a tu lado,
placer fugaz del año fulminante!
¡Qué fríos padecí, qué días magros!
¡Diciembre y su escasez en todas partes!
Todo ello fue en verano, y a las puertas
del pingüe otoño, que en su vientre orondo
portaba ya la mies de primavera
como una viuda encinta sin su esposo.
Quimeras, orfandad, frutos perdidos
es cuanto yo veía en la abundancia,
pues tienes al verano a tu servicio
y si no estás, los pájaros no cantan
o trinan, al cantar, tan tristemente
que, trémulas, las hojas palidecen.
Susurrado por lunilla a las 04:06
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miércoles
Soneto LXXXI
o vives tú y se pudrirá mi carne.
Si mueres, tu recuerdo estará a salvo;
de mí habrán olvidado cada parte.
Tendrá tu nombre vida para siempre
y a mí no habrá en el mundo quien me llore;
la tierra me reserva un hoyo inerte:
tú yaces en los ojos de los hombres.
Mi verso fiel será tu monumento,
lectura de los ojos que aún no existen;
y cuando estén, los que hoy suspiran, muertos
no faltarán las lenguas que te imiten.
Tú vivirás -mi pluma es garantía-
en tanto haya una boca que respira.
Susurrado por lunilla a las 02:40
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viernes
Soneto LXXIX
tu gracia era exclusiva de mi verso;
ahora que mis líneas pierden gracia,
mi musa ha dado paso a otro más diestro.
No dudo, amor, que tu argumento vale
que una pluma mejor haga el trabajo;
mas toda la invención con que tu vate
te retribuye ya te la ha robado,
así como robó de tu conducta
la idea de virtud con que te colma
o de tu dulce rostro, la hermosura:
ya estaba en ti todo lo que él te otorga.
Así, pues, no agradezcas sus lindezas
ya que has de pagar tú lo que él te adeuda.
Susurrado por lunilla a las 02:46
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Participan
Disfrútala
Siempre Shakespeare
Ay, cómo dudo cuando de ti escribo sabiendo que otro espíritu te alaba mejor que yo y con tan potente estilo que es como si con él me amordazara. Mas como tu caudal, que es noble y ancho, se deja atravesar por toda vela, también mi basto y pertinaz balandro, menor que el suyo, surca tu grandeza. Si yo con tu somera ayuda floto, él sabe hollar tu piélago profundo; o soy un barco náufrago, sin fondo, y él, uno levantado con orgullo. Lo peor de que yo encalle y él prosiga es que mi propio amor sea una ruina.

